martes, 1 de diciembre de 2015

La Ouija resuelve un crimen



El vaso se dirigió primero hacia la letra R. Luego marcó la O, la S y, finalmente, la A. Con el nombre de Rosa se identificaba, en una sesión de ouija, una mujer fallecida que, a principios de enero de  1994, acaparaba las portadas de todos los periódicos gallegos. Su cadáver fue hallado, con claros signos de violencia y rodeado de velas, en una zona poco frecuentada del monte Avenceñas, en el municipio pontevedrés de A Estrada. Por el interés social que despertaba -y porque la Guardia Civil no conseguía identificar a la víctima- una experta en esoterismo, la pontevedresa Mercedes López Martínez, acompañada por otras tres personas, decidió realizar una sesión de contacto con el fin de invocar a la joven asesinada. Y el nombre de la víctima no fue la única información que aportó el tablero.

Crimen “satánico”
“Sangriento ritual satánico” fue uno de los titulares que emplearon los rotativos gallegos para referirse al hallazgo del cadáver de una joven en el inhóspito paraje, ya que esa fue una de las hipótesis barajadas por la Guardia Civil sobre el móvil del crimen. Y es que el cuerpo sin vida fue encontrado a primera hora de la tarde del 6 de enero por unos cazadores que frecuentaban este monte despoblado. El cadáver tenía dos cirios rojos a ambos lados, de los que se utilizan para honrar a los difuntos. Estaba boca arriba, tenía las manos cruzadas sobre el vientre y los pies descalzos. Conservaba su ropa y las joyas, no había signos de violación ni de robo, lo que alimentaba aun más la sospecha de que se podría tratar de un crimen ritual.
Sin embargo, la autopsia, practicada en el Hospital Provincial de la capital pontevedresa, determinó –entre otras cosas- que la muerte se produjo por tres disparos del calibre 22, uno en la sien y otros dos en el cuello.
Las huellas dactilares no permitieron la identificación del cadáver, por lo que la Guardia Civil difundió fotografías de la joven asesinada, con el fin de que conseguir pistas sobre su identidad.

Los detalles del crimen
“Nos pusimos en contacto con ella con la ouija y nos dijo, además del nombre, que no había sido un ritual sino que habían puesto las velas para despistar. Aseguró que la habían matado en otro lugar y que la habían llevado allí con un caballo. También nos explicó que tenía una hija y que quería ser enterrada en Portugal. A través del tablero nos dio una serie de números que correspondían al teléfono de un club de alterne del país vecino”, explicó Mercedes sobre la sesión de contacto que realizó pocas horas después de que se conociese la noticia del crimen.
Uno de los que participaron en la sesión de ouija trabajaba en aquel entonces en el periódico local Diario de Pontevedra y comentó al periodista encargado de elaborar la información algunos de los datos surgidos del presunto contacto con la joven asesinada. El reportero consultó con las fuerzas de seguridad los datos aportados por la sesión de ouija, aunque en aquel entonces la Guardia Civil carecía de información sobre la identidad de la fallecida y no pudo confirmarlos.
La sorpresa llegó pocos días después cuando, después del hallazgo del cuerpo, los agentes detuvieron a dos personas en Navarra como los supuestos autores del crimen de A Estrada. Asimismo, tuvieron conocimiento de la identidad de la mujer asesinada. No había podido ser identificada antes porque se trataba de una ciudadana portuguesa, natural de Braga, que se llamaba Rosalía Gonçalves da Maria.
“Es mucha coincidencia que la ouija dijese Rosa y se llamaba Rosalía. Podía ser un diminutivo. Podía haber dicho cualquier otro nombre, pero acertó”, recuerda el reportero que elaboró en aquel entonces la información para Diario de Pontevedra. Pero las similitudes no acababan ahí.
La investigación de la Guardia Civil determinó que uno de los autores del crimen conocía muy bien la zona, ya que residía en el vecino municipio de Campo Lameiro y se dedicaba a la cría de caballos, con el que habría trasladado presuntamente el cuerpo a este lugar apartado.
El otro detenido, vecino de la localidad lusa de Valença de Minho (situada en la frontera con Galicia), habría conocido a la víctima en un prostíbulo de la localidad portuguesa, ya que Rosalía Gonçalves trabajaba en el club Sasarico, en las inmediaciones de Valença. lLa numeración telefónica aportada por la ouija coincidía.
Además, la identificación de la víctima permitió saber que tenía una hija en el país vecino, hecho que se sospechaba desde que se le practicó la autopsia por una marca que tenía en el vientre, producto de una cesárea.
Las detenciones practicadas por las fuerzas de seguridad permitieron esclarecer también otros detalles del asesinato. Así, los dos arrestados y la víctima formaban una banda que se dedicaba a asaltar gasolineras y entidades bancarias, que habrían cometido varios atracos en localidades del norte de la provincia de Pontevedra. En cuanto al móvil del crimen, los autores confesaron que habrían matado a Rosalía Gonçalves ante el temor que los delatara, ya que la sorprendieron hablando por teléfono de forma sospechosa. Así se confirmaba también la información surgida de la sesión de ouija, en la que el presunto espíritu de la fallecida negaba que fuese un ritual.
“Tiempo después, nos comunicamos otra vez con ella. Nos dijo que estaba en paz, un adiós y nos dio las gracias”, aseguró Mercedes. “Nunca más volví a hacer una ouija, me da mucho respeto”, añadió.

viernes, 11 de julio de 2014

Fuegos "sobrenaturales"



Durante la primera semana de junio de 1976, numerosos medios de comunicación dirigieron su atención a dos pequeñas aldeas cercanas a Santiago de Compostela. La paz y la tranquilidad que reinaba entre las suaves lomas de Outeiro y Nogalláns se vio interrumpida por una serie de pequeños incendios que llevaron a sus habitantes hacia un estado casi paranoico, donde el miedo y la angustia les impedían conciliar el sueño. Y es que de pronto, y sin ninguna causa aparente, surgía el fuego en alpendres, establos y en lugares cercanos a las casas, propagándose rápidamente y con el riesgo de que las propias viviendas cayeran presa de las llamas.
“Por aquel entonces, todas las noches apartábamos la leña de la casa o de cualquier otro lugar cercano a la casa, por el miedo que teníamos de que se prendiera fuego”, recuerda Andrés Otero, uno de los vecinos de Nogalláns que vivió de cerca este angustioso fenómeno.
La escasa docena de vecinos que viven en Outeiro y algunos de Nogalláns –a dos kilómetros de distancia- fueron testigos directa o indirectamente de este curioso fenómeno. Las llamas aparecían en lugares donde había tojo, paja, madera o cualquier otro material inflamable y parecían surgir del interior del objeto combustible, comenzando con una llama azulada. Ningún olor ni cualquier otro signo hacía prever la aparición de un nuevo incendio. Andrés Otero vivió muy de cerca el extraño fenómeno, ya que con una cisterna de agua participó en la extinción de casi todos los incendios que se produjeron en estas dos aldeas. “Estabas hablando con alguien y de pronto comenzaba a arder leña o paja sin que se viera a nadie encenderla”, recuerda Otero.
Los curiosos incendios se sucedían frecuentemente, y los vecinos solicitaron ayuda al gobernador y al alcalde de Trazo para que buscaran una solución a este desesperante fenómeno que estaba alterando la vida de los vecinos de la parroquia de Berreo. Fue entonces cuando la Guardia Civil tomó cartas en el asunto: “Una vez vino una pareja de la Guardia Civil de Sigüeiro para comprobar lo de los fuegos, y mientras estaban allí un montón de leña que estaba detrás de ellos comenzó a arder”, señaló Otero. Los agentes de la Benemérita no consiguieron determinar que es lo que había producido el fuego a tan solo unos metros de donde estaban.
Los extraños fuegos se prolongaron algo más de una semana, y desaparecieron tan misteriosamente como habían comenzado, y en casi treinta años no volvieron a producirse. Para Andrés Otero este fenómeno no tiene ninguna explicación y descarta que fueran provocados por algún vecino. Entre las causas naturales, se especuló con que podrían ser emanaciones volcánicas, aunque nunca más volvieron a producirse. Con los fenómenos las investigaciones cesaron y nunca se pudo determinar el origen de los fuegos que afectaron a Outeiro y Nogalláns. “Lo extraño es que ninguno de los incendios se produjo en la aldea de Caravelos”, reflexiona Otero. Y es que este pequeño poblado dista tan solo unos metros de Outeiro, separados tan solo por un estrecho camino comarcal; aunque si afectó a Nogalláns, que está a dos kilómetros. Los sucesos de estas aldeas de Trazo quedaron en el olvido, pero no era ni la primera ni la última vez que estos fuegos aparecían en las aldeas gallegas. Tan sólo dos años antes, en noviembre de 1974, ocurrió algo similar en una aldea de Bertamiráns, a tan solo 30 kilómetros de Trazo. Y en fechas más recientes, los misteriosos fuegos llegaron a una casa de Fene, en el norte de la provincia de A Coruña.

Ciento cincuenta vecinos hacen guardia
María Jesús Anca vive en un pequeño caserío llamado Sillobre, perteneciente al ayuntamiento coruñés de Fene. Nada extraño había ocurrido en su casa hasta que el 23 de abril de 1996 vio que de un paquete de paja que tenía en el cobertizo comenzó a salir un denso humo negro. Rápidamente la hierba comenzó a arder y el fuego afectó a las paredes, techo y otros objetos cercanos. La rápida intervención de los vecinos logró que las llamas no se extendieran a otras dependencias.
Tras el incidente, limpiaron la cuadra, el cobertizo y una fosa séptica, suponiendo que alguna emanación de metano podría haber causado el fenómeno. Sin embargo, el misterioso fuego volvió a repetirse varias veces, afectando a un saco de pienso y a un manojo de hierba.
Ante esta situación, los vecinos quedaron haciendo guardia toda la noche por si el fuego regresaba. Y no los defraudó.
Al día siguiente volvieron a producirse nuevos fuegos espontáneos y la propietaria de la casa decidió denunciar los hechos ante la Guardia Civil. Técnicos de la Xunta de Galicia también tomaron cartas en el asunto y durante días estuvieron inspeccionando y analizando el subsuelo de la casa y los alrededores. No se encontró explicación a los fenómenos y durante días voluntarios de Protección Civil hicieron guardia junto a la casa de María Jesús Anca. Los fenómenos se prolongaron durante unos días y dejaron de sucederse.

Víctimas de fuegos inexplicables
El mismo año en que los vecinos de Sillobre hacían guardia frente a la casa de María Jesús por la aparición de los misteriosos fuegos, en un pequeño pueblo de los Alpes se cobraban dos víctimas.
Morains-en-Montagne con 1.500 habitantes y ubicado muy cerca de la frontera entre Francia y Suiza, se convirtió en un centro de peregrinaje de todo tipo de investigadores, curiosos y personajes más o menos exóticos atraídos por el extraño fenómeno. Un total de 13 fuegos inexplicados se produjeron durante los primeros días de 1996.
El 20 de enero se produjeron cuatro misteriosos incendios, de los cuales tres de ellos tuvieron por escenario el número 14 de la calle Cares, con tan solo unas horas de diferencia. El tercero, ocurrido a las 20.15 horas, se cobró la vida de una mujer y del bombero que acudió a rescatarla. En otra ocasión, las llamas comenzaron ante los ojos atónitos de un juez de instrucción, de dos técnicos judiciales y de especialistas de la compañía eléctrica. El fuego comenzaba en lugares poco frecuentes como armarios o muebles y se caracterizaba por comenzar con mucho humo y pocas llamas.
Aunque los vecinos atribuían estos incendios a la presencia de líneas de Alta Tensión subterráneas, la compañía responsable desmintió esta posibilidad. Y hasta el sacerdote del pueblo hizo referencia al fenómeno en su homilía: “Todos nos preguntamos cuando acabará esto”. Y el fenómeno cesó.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Un gallego, pionero en el estudio de los OVNIs



Fue en 1947 cuando los OVNIs se presentaron en sociedad, y a partir de esta fecha surgieron cientos de asociaciones civiles en todo el mundo, dedicadas a la investigación de los platillos volantes. Pero resulta curioso que dos años antes, en 1945, cuando nadie conocía el fenómeno, cuando prácticamente nadie se había interesado por estas manifestaciones que en aquel entonces no tenía ninguna denominación específica, un gallego, meteorólogo de profesión, ya recopilaba información de primera mano sobre observaciones de fenómenos extraños en los cielos gallegos. Oscar Rey Brea comenzó a interesarse por los fenómenos desconocidos cuando sus propios padres -el 15 de octubre de 1945- fueron testigos de las evoluciones de un objeto desconocido por los cielos de la capital gallega.

Años más tarde, cuando las noticias sobre platillos volantes llegaron a nuestro país y los avistamientos se hicieron más frecuentes, Oscar Rey mantuvo correspondencia con la práctica totalidad de los investigadores de la época, donde se perfiló como uno de los más lúcidos y rigurosos ufólogos de España, aunque también uno de los menos conocidos. Los trabajos de Rey Brea, tanto en la investigación de campo, como en los análisis y estudios estadísticos; constituyen un inmejorable punto de partida para quienes tomaron el relevo en la investigación.